jueves, 2 de abril de 2015
domingo, 28 de octubre de 2012
Del día después
Después del cigarro y el café
vuelvo a mirar por la ventana,
a describir la soledad, la mudez y el desorden
de las habitaciones
de la que nunca será mi casa.
Busco entre los papeles
-con mirada que procuro creerme seria e imperturbable-
aquel recibo donde garabateé tu número,
el color de tus ojos,
las notas en las que pude -muy por encima-
resumir el escalofrío de tus susurros.
Recuerdo los ladrillos de fuera
y la moqueta del rellano manchada de sangre,
todas aquellas siluetas
entre la bruma de las copas
y como las cosas entonces tenían un sentido...
Y aunque las palabras fueron confusas
nunca fueron más ciertas las miradas...
Todo ello girando en torno al color de esos ojos olvidados,
todo en torno a un número perdido,
todo en una noche que me bebo
y no acabo nunca
de encontrarte en mis garabatos
entre los papeles de mi cuarto
y los papeles de la pantalla,
y los papeles, que perdidos,
esconden los fantasmas
de los cuerpos decapitados de David y Venus
mientras observan la silenciosa
sombra de tus pasos,
detrás de mi,
por el pasillo.
(Para G.V.A., por enseñarme a estar contigo)
Tú me enseñaste a vagar por la ciudad a solas,
a temblar de miedo,
tú me enseñaste a beber a solas,
a descubrir el consuelo en la destrucción del tiempo.
Tú me enseñaste a sentir el palpitar de los ríos helados bajo tu piel dormida,
tú me enseñaste a buscar el placer a solas
a imaginar tus manos en mi tortura,
tú me enseñaste a sobrevivir a solas,
a encontrar peces de hambre en la oscuridad de tus pupilas,
tú me enseñaste a olvidar lo que desgastan las olas,
lo que los años no perdonan,
lo que ninguna cárcel ha logrado...
Tú me enseñaste a estar contigo
a solas.
martes, 16 de octubre de 2012
Rituales cotidianos (1)
sábado, 29 de septiembre de 2012
Lecturas de septiembre
Las tres obras son de Ediciones Delirio.
lunes, 17 de septiembre de 2012
Carta

Hubo una canción que has olvidado,
gritos de niños hambrientos tras la puerta,
hubo funerales que siempre negaste y a los que jamás fuiste,
en fin…
un gran montaje barato que te empeñaste en llamar vida.
Allá por los noventa te envolvía una cascada de labios rotos cayendo en las copas,
teléfonos descolgados,
peleas con saxofonistas,
una señora sin pechos que no paraba de aferrarse a tus hijos,
rumor de cartas de poker y navajas.
Te perseguía una nostalgia musical
y una depresión post-soviética
que ni los veteranos de guerra - como la abuela- lograban explicarse.
Por los noventa, recuerdo que te codeabas con pastores protestantes,
sus mujeres putas y ateas
y te ibas a Odesa en busca de complicaciones
a humillar mujeres
y enseñar sueños de botella y puño a dos chavales que compartían cama.
Pero al grano:
Sabrás que ya rondas los cincuenta, supongo,
y que ni Moscú
ni mucho menos Madrid o Barcelona
o Salamanca, Oviedo u Oporto,
Lisboa o Roma,
Niza o S. Petersburgo
creen en las lágrimas;
sabiendo eso,
entiendo que la llamaras Alexandra,
que te exiliaras del exilio,
que fueras rematando corazones por las saunas,
celebrando aniversarios con Natasha,
haciéndote el soltero,
entiendo que la niña desconozca que tiene dos hermanos
y que siempre será española por muy imbéciles que sean sus padres;
entiendo que es más bonito el Chernobyl que el Teide
y que aunque no crezca escuchando a Sabina - como nosotros-
siempre podrá poner a Rozembaum o Vysotskiy
y soñar ser una princesa guache nacida a los pies de la señora negra
y mandarte, con toda la razón del mundo, a la puta mierda
por cobarde y pollafloja.
Tu marcha, lo reconozco, supuso una temporada de días claros,
un extraordinario antidepresivo,
mudanzas y hogueras de nueve estaciones consecutivas.
Tu marcha fue, al fin de cuentas, alegre e insignificante.
Ahora te presentas como al que han echado de alguna parte,
y todos parecemos hijos de tu madre
y somos unos huérfanos ladrones,
unos españoles artificiales que no comprendes cuando hablan.
Recuérdalo,
ya no tienes veinte años;
quizá te atormente la impotencia, la próstata(k),
quizá tengas que sentarte en el wáter,
pedir a Natasha que te frote la espalda,
hacer de abuelo sin que tus hijos sean padres,
recurrir a las lecturas y dejar los vicios,
pasear en tranvía o esperar que te saquen en coche de paseo…
y si algún día combates el orgullo,
la cobardía o la costumbre,
la incompetencia lingüística,
la chulería de los bares ochenteros,
el rencor, o el miedo, o como diablos lo llames
siempre te quedará divorciarte de nuevo
y que los poemas que sigan vayan firmados con tu nombre
pero en femenino.
domingo, 16 de septiembre de 2012
viernes, 24 de agosto de 2012
Lecturas de agosto

lo que a mis males mi poema"
en la memoria de un loco,
en la tristeza de un niño,
en la mano que busca el vaso,
y tú no puedes.

viernes, 17 de agosto de 2012

viernes, 3 de agosto de 2012

He descubierto que la soledad del cigarro
es algo compartido
cuando te arranco besos a oscuras
y tú me incluyes en tu historial de chicas malas.
II
En este lugar sin hora entre las sábanas sin tiempo,
perdóname por acabar los sueños en un viaje.
Ya sabes que siempre he pensado que asco y tabaco
son perfectamente compatibles.
III
Hoy, que solo han pasado 24 horas,
he aprendido a echar de menos en mi garganta
ese sabor a abandono de la tuya.
domingo, 29 de julio de 2012
Sábanas Sucias
viernes, 27 de julio de 2012
Lecturas de julio
jueves, 26 de julio de 2012
Nevera Vacía
miércoles, 25 de julio de 2012
Porque todos los finales son el mismo repetido

Verdes relojes crían cuartos de espera,
Último Adán

Yo, de los hijos de la nada















