sábado, 17 de diciembre de 2011

Casi un cuento de navidad



Las campanas anunciaban perdidas sobre la niebla la hora de salir. La taza de chocolate en la mesa, el libro abierto, los niños correteando entre las negras patas de las mesas, un grupo de señoras elegantes al fondo...
La noche se divisaba tras las ventanas bordeadas por focos de bajo consumo. Una manta de plumón caía a cámara lenta sobre la ciudad de piedra, un aura anaranjada matizaba levemente los muros de las casas del centro. Un perro atado en la calle ladraba viendo a su dueño refugiado en la chocolatería.
La gente llegaba sonrojada y levemente temblorosa, aquella tarde era un presagio invernal. Grupos de estudiantes que reían escandalosamente, interrumpían el sosegado paso de familias con cochitos de bebé y rezagadas abuelas que parecían disfrutar del frío, recordando quién sabe qué episodios lejanos, de su juventud tal vez...
Las tazas revoloteaban a mi alrededor sobre enormes bandejas que los camareros llevaban y traían con una rapidez sorprendente. Las clases y bibliotecas cerraban ya sus puertas apunto de sumirse en un sueño de páginas y memoria. Los alumnos olvidaban momentáneamente los volúmenes imposibles de memorizar, los nervios del que sabe que juega a septiembre (ah, no, que lo han cambiado a junio...) y se sumergían en animadas charlas frente a jarras de cerveza, cafés humeantes, platos de churros que esperaban el húmedo beso del chocolate caliente.

Había llamado a Raquel para ver que harían aquella tarde. "A las ocho bajo el reloj, hemos quedado para tomar algo..."dijo y la llamada se interrumpió. Había colgado.
Salí envolviéndome en la bufanda de lana, ya un tanto fina para aquel tiempo, y encogiéndome de hombros tomé la Rúa rumbo a la plaza. Un susurro de asombro turístico se oía tras los iPhones que apuntaban La casa de las conchas, la Clerecía vestida de su atuendo amarillo: redes y andamios; el campanario no se veía. Solo los focos sobre los tejados movían aquel frío humo que se retorcía en espirales, el frío humo de la primera niebla.

La plaza se desdibujaba incapaz de ver sus propios muros. Volaban astas desde los cuatro lados del cuadrado apuñalando cielo, ventanas y miradas. Lucio lo llamaría imagen apocalíptica, otros una miopía natural de aquellos meses, pero unos pocos coincidiríamos en que aquella noche permanecería en nuestro recuerdo como un inesperado regalo de la ciudad que nos acogía en parte fría y distante, pero imposible de dejar, de olvidar, de abandonarnos...

miércoles, 14 de diciembre de 2011

Desposeciones



Tengo un sueño tan insomne,
un pasotismo que lucha tanto...
tengo un enemigo tal fiel, pero tan enemigo...
tengo una cueva que es tan cuarto...

Tengo una noche que solo piensa en la mañana
y una preocupación tan inconstante.
Tengo intención, deseos, ganas; pero no cojones
para olvidarte.

Tengo una sopa del 97 en la mente,
tengo recuerdos, ruidos, despertares...
Tengo un tuenti repleto de amigos
pero ya no queda imaginarios para imaginarse.

Tengo un santo que por mentiroso
se ba estiando siglos con sus flechas,
y tengo un romano gay con el que hablo a veces
y es rencoroso- ya ves- con los despechos.

Tengo hipocondria prematura, dudas, socavones,
insomnes muecas de la luna, burlas,
reflejos, desconsejos, artisteos, grises callejones.
Tengo un gato de charol tras el espejo.

Tengo mil formas de compadecerme, pero ninguna
maldita forma de despertar con ganas.
Tengo un Palacio que me dibuja un futuro
pero pesimismo por lo que arrastra el mañana.

Tengo frascuelos, mariitis, sol, sal y son y cristianismo.
Tengo dismorfofobia mental y tarimoflexos,
miradas, bares, plazas -incluso diría sexo-
pero tener a otros, colega, no es tenerse uno mismo


......... y eso.

El Despundio




La calle era un plazul inmenso de rincojos y motrillos rubeznos en la insomne llanura de los aristórquicos. Todo se llenaba de morfidias al abrir las abandonadas antroposodias que los ocupas dejaban al irruto paso de su prestaz abandono. Los escaparates exóridos reposaban en los charivos que salpicaban la acera como deformes cariátides picatescas en aquel caos ixírico de la tóprica morfidia, repetida en Doratel durante la fugaz retrea del 15 de febrero de 1955, durante veinte plocazos.
Dorian, itínelo, dismórfobo, jamático, bajaba la cinérea vía de Traboll para encontrarse con Melín tras la oculta mafolada del suberidio.
Retrocedía al fin la bruma de aquellos lejanos días jugando a muerte y peñol con el bribel de los primeros gritos jubilosos de los mórfidas callejeantes. Falantre había caído lenta y tetráneamente al inexorable paso del tiempo. Falántreos y égodas se refugiaban en la breleja de llantinas y escortajos de la Madre Égoda, tan defensora ella del falantre supremo.
Pero nada podía hacerse ya contra el brillante júbilo que anegaba las calles. Habían salido todos los solonos salusando su victoria. ..
Dorian sonreía etroando los britones al ver ya de lejos la silueta de Melín. Bifió escandalosamente la atrocada calle y sin poder irrutarse besó sin más a la muchacha aún desconcertada, que no lograba peribar lo acontecido la noche del despundio final.

sábado, 12 de noviembre de 2011

El Bar


Vendré…

pero previo a eso:
una manta enredada,
zapatos,
lluvia sobre los frisos blandos,
campanas al son de la lluvia.

Es temprano…

Mil pasos de aquí a la estatua,
el claustro,
ya a mis espaldas,
los viejos niños,
las voces acabadas en susurros,
las lágrimas tras látigos de lluvia,
tras la escalinata.

Vendré…

pero previo a eso:
tú te sentarás inquieto en la madera
oscura, la piedra de la mesa:
mármol y espanto.
Un libro que confunde orden
y páginas bajo tus ojos.
Un sombrero negro y un bolígrafo gastado,
un vaso rubio y tatuado de burbujas,
la espera, que espera arrancándote pestañas.

El confort de la lluvia tras la celosía,
un canto de rueda oxidada, manivela,
de molino…
Y tú, contando los pasos de la flecha,
el rolex que se atrasa en tus ojos,
que me devuelve.

Vendré…

Previo a eso:
tú,
tus ojos,
tu llamada.

Luís Eduardo Aute "Al Alba"

Si te dijera, amor mío,
que temo a la madrugada,
no sé qué estrellas son éstas
que hieren como amenazas
ni sé qué sangra la luna
al filo de su guadaña.

Presiento que tras la noche
vendrá la noche más larga,
quiero que no me abandones,
amor mío, al alba,
al alba, al alba.

Los hijos que no tuvimos
se esconden en las cloacas,
comen las últimas flores,
parece que adivinaran
que el día que se avecina
viene con hambre atrasada.

Miles de buitres callados
van extendiendo sus alas,
no te destroza, amor mío,
esta silenciosa danza,
maldito baile de muertos,
pólvora de la mañana.

68 de San Lorenzo



En el numero 68 de San Lorenzo, se adivinaba una gorda tras las amarillentas cortinitas de bolillos en la ventana de un segundo piso. Abajo discutían dos ancianos sombre el tiempo que haría el 16 de octubre de 2874. Olía a meada y a repartidor del Mercadona, a queso de los Pirineos y a braga asturiana. Eran las seis en medio de todos los relojes. La gorda buscaba su Black Berry en el sudado escote, una sujetador de women sicrets sujetaba sus enormes pechos. La casa estaba oscura, sucia y en una cazuela sobre el alféizar de la ventana flotaba una col de Bruselas y tres zanahorias. La casa olia a meada y a repartidor del Mercadona recién ido, a queso de Pirineos y a braga asturiana. Eran las seis y cinco en medio de casi todos los relojes.

En el numero 32 de la misma calle, Marina la lotera estaba siendo desvirgada por su primo el chapero. Una vespa de la década de los setenta reposaba sus oxidados huesos sobre una pared húmeda de piedra grisácea. En la cocina se oía el rítmico y nervioso taconeo de la abuela, mientras acariciaba un gato calvo que celebraba sus trece cumpleaños. La madre de Marina, Lola la Pescadera, se sacaba los restos de tripas de una lubina que había limpiado esa misma mañana de entre las uñas, su marido roncaba en una destartalada mecedora frente a la ventana mientras su hija gemía de angustia mientras su primo el chapero le clavaba sus treinta crueles centímetros en las entrañas. La tarde era normal y pestilente en San Lorenzo.
Ruidos de vasos sucios y vacíos en los bares, tos y gritos de los viejos, risas de niños, moscas echándose carreras de vuelo a toda hostia entre los cubos de basura orgánica.

En numero 6 había sido ocupado por unos rumanos hacía una semana. Solo se oían discusiones en un idioma muy extraño y golpes que no se sabía bien quien recibía. Un carrito de la compra había sido aparcado elegantemente frente a la puerta mientras los dos niños rumanos, 6 y 9 años respectivamente, habían descargado su contenido: 20 kilos de cartón de los contenedores de la calle vecina, dos euros cincuenta… para que nos entendamos.

El 33 de San Lorenzo era la oficina del Inem que recibía a diario una marea serpenteante de gente sin trabajo. El local de al lado el 32, era un puesto diminuto de lotería que vendia ilusión, una oficina que se convertiría en garaje, un jefe payaso, alcantarillas que daban al Atlántico, dunas de ensueño y vuelos a diez euros, parejas incluso… incluso para homosexuales.

En el 69 se encontraba un apartamento que se había transformado en sede de los populares populares, que con la victoria en el bolsillo (que ya de por si estaba lleno de mas cosas, en particular billetes violetas…) celebraban reuniones de esperanza azul, mientras una pareja de gays neozelandeses tramaban un atentado junto a una santera recién llegada de cuba que había ido esa mañana al Inem, sin éxito.

La plaza que estaba al final de esa calle, se dividía en zonas. Los que apestaban a queso de los Pirineos nunca pisaban la zona de las bragas asturianas, sin embargo se llevaban bien con la zona de los repartidores del Mercadona, pero a rabiar con los de la popular sede de los populares. La zona gay era de los neozelandeses y una lesbiana de Salamanca que venía los findes a ver a su abuela. Mercedes, Pepe, Antonio, Domingo, Chita la mona del pueblo, Lola la Pescadera, Martina la lotera que ya no era virgen, el chapero y el gato de la abuela de la lotera formaban la zona más importante de la plaza, la de los que olían a meada.

Mamá cuando venía paseaba con don Manuel, el cura. Hablaban casi siempre de la torre de Babel, luego daban un repasando a los jueces que precedieron la época real judía y terminaban en el Bora-Bora tomándose un café bombón, a veces un chupito de anís, echando de menos el mono don Manuel, mamá frotándose las manos, nerviosa…

La gorda del 68 de San Lorenzo, vecina por el lado derecho de la popular sede de los populares, lloraba todos los miércoles por la tarde… el repartidor había dejado de traerle la compra hacia un mes. En el numero 70, vecino por el lado izquierdo de la popular sede de los populares, los neozelandeses y la santera seguían con sus inofensivos proyectos. Llovía sobre las casas de colores, los perros se refugiaban en los portales, no había tiempo de besos furtivos, ni paraguas transparentes, ni de versos frente a las verandas, ni de recuerdos tristes, viejos, acabados…

Un chico flaco, mustio, sombrío, lluvioso, estudiante, listo, callado, fugaz, debilitado, vivido, enfermo, acabado… es decir yo, se dirigía al numero uno de San Lorenzo, atravesando todo aquel pantano de ensimismamiento e historias ajenas, irónicas y trágicas que una casualidad había enfrascado en aquellas casas. Los días de lluvia se oía un zumbido a televisión mal sintonizada, a freidora vieja y a orgasmo en la casa de Martina la lotera. Las estatuas de bronce preferían ponerse aun más verdes con la caricia de la lluvia. Yo caminaba como quien pretende ir a ninguna parte sabiendo que inexorablemente entrará en su casa, dejara los zapatos embarrados en la entrada, el abrigo mojado en la batería de la calefacción, entrará en el salón oscuro y no verá ningún arpa olvidada, saludará los libros en su letargo de memoria y se sentará en el sofá como diciendo qué coño…como intentando no pensar en nada sabiendo que al fin y al cabo piensa en ella… como queriendo olvidar mientras todos se precipita a su mente como recuerdo… volviendo a decir pero qué coño… mierda, hombre, mierda, coño, mierdaaaa!!!!

El sueño había empezado cuando lo dejamos. Sin discutir, echándonos un polvo a modo de despedida, sentados en el suelo comiendo galletas de chocolate que sabía a caducado. Siempre nos querríamos, sin duda, aunque nos refugiáramos en otros cuerpos intentando olvidar nuestros trágicas folladas de los primeros días, procurando nunca más volver a pensar en el otros, sabiendo que no volveríamos a llamarnos ni mandarnos privados por el tuenti… pero convencidos de que no nos olvidaríamos en la vida. El suelo estaba frío y las sabanas tiradas en el parquet, sucias, reflejaban la luz naranja que penetraba por la ventana. “Sabes que ya queda poco, no?” dijo ella sin ninguna culpa. “Podré avisarte cuando esté cerca?” dije“Ni se te ocurra tolete!” dijo ella con reproche. Y yo: “Pero si habíamos…” “No habíamos nada… acaso pretendes hacerlo más difícil?” “No, no, en absoluto. Pero es que solo será un momento… el no podrá pegarte… bueno si podrá pero tu no sentirás nada.” “Cállate coño! me estas agobiando con tanta suposición… y no me hables de él, que sin él no habría echo esto ni de coña… y menos contigo”

La habitación se había oscurecido por completo. La lluvia tamborileaba sobre el tejado. La calle se había callado repentinamente, solo el llanto de la gorda sacudía las paredes con helados escalofríos. El coche de los repartidores de Mercadona pasó a toda prisa por la estrecha calle, deben de ir borrachos, pensé sonriendo. Me desnudé mirando con sorna mi cuerpo delgado, demasiado delgado. Vi las marcas de su amor en mis huesos, el dolor de cabeza que siempre me acompañaba me recordó su cuerpo, la tos incesante olía a sus besos. La noche se cernía sobre nosotros… ella ahí en algún lugar de Portugal con Adolfo y yo ya solo… desposeído, sin reconocerme, hecho de amor, de amor por ella, de ella.
Ave Venus!
El pájaro inquieto de la tinta...

martes, 21 de junio de 2011

En Fin...




Se sentó en una destartalada silla frente a Neg (el gato). Blanco a manchas negras los dias pares, el resto negro con manchas blancas.

Repasó todo aquel jaleo de calles diminutas en su cabeza. Se oía algo parecido a musica, un ruido intenso con olor a gasolina. Un mugido de siglos entre timpano propio y ajeno. Un beso arrancado a mordisquitos. Unos ojos verdes como los de Neg, una cara, como la de los sueños, los olvidados.

Primero lo confundió con el rey prerepublicano, luego le fue cambiando los numeritos como si fuese un reloj o una quiniela: "trece, no, no, catorce... ¿dieciseis...? ah no, demonios, que ese era Luis" Las calles iban pasando lentas en un eter de sombras agrias y alcohol etilico. Tenia ganas de mear, de un rock and roll, de echar un polvo (esto es plagio, pensó en un momento dado). El paladar le sabia a cobre, ¿sería la muerte? ¿la propia? ¿la del caribeño? En fin... era la muerte... en fin... era TAN TAN TAN puñeteramente muerte que parecía mentira... en fin...

En segundo lugar, estaba borracho, ido, casi no veia nada, en esos momentos no seria capaz de distinguir La Meninas de las señoritas de Avignon. Eran las cuatro y media en todos los relojes. Jerez se rompía de pollos de plastico y, la laguna, seca como siempre, fría, romántica... Fue dificil buscar en su aturdida cabeza la definicion de biologia, asimilar los 25 años (tacos) que decia tener aquel chico, era un "enfín" magnífico, imposible, degradado en memoria, besos y miradas; era un "tan" con mayuscula y letra de congelador, un "tan" tan tan tan taaaaaan... que en fin...

le gustaba arrinconarlo, instintivo suponía, pero no era una presa, era un cielo, una nube, un mar, un todo, una nada de viernes diecisiete de junio y lagunero; una sombra del portal primero de la madrugada, un alma peregrina y vacia, eran las cinco en todos los relojes. Las viudas asomaban la cabeza de entre las nalgas de los lecheros. Los butaneros sonreían viciosos a los pies del mundo sibernetico de las cucarachas amarillas, luces de gris caballo (la luna travestida) trotaban mientras yo, devoraba con avidez... renacía.

Todo una vez más cobró sentido en una parada. Su vida era una eterna parada que esperaba autobuses (guaguas, omnibuses, como guste...)que contaba los minutos restantes para su llegada, pero ninguno era el suyo, no podía subir, iban muy lejos, iban a la nada, aquellos destinos no eran los suyos... Él se fue en un autobús más.

Y ahi, delante de Neg, cruzados los brazos sobre una tripa de abdominales flácidos, sufrió un poquito. Era agradable entregarse al sufrimiento, recordaba el amor, la espera... una esper inutil y un amor inexistente por otra parte, pero agradable, sin duda. Pensaba si algún dia sabría sus deseos, si el jueves querría verlo, si todo iria como siempre, o si la biología de aquel nuevo ciclo, de aquella tierra nueva, seria una ciencia distinta... una dimencion nueva... tal vez
Y sentirse absurdo era en entonces lo más normal del mundo, suspirar cansado de uno mismo, sentirse muy abajo y muy solo, muy allá en la frontera de viernes-sábado.

Neg maulló como un eco que interrumpe una lectura. Sus grandes ojos verdes miraban fijos, como si estuviesen al tanto de lo que pensaba su dueño. Dueño de un gato de ojos verdes. Piras de realidad en el trono del deseo. El jueves... mañana, "en fin",
aún no podía recordar a quien se parecía hablando, pero era agradable, casi tanto como sus abrazos en la parada.

martes, 29 de marzo de 2011

Regre-SOS

"Me fui menos mortal de lo que vengo
ustedes estuvieron/ yo no estuve
por eso en este cielo hay una nube
y es todo lo que tengo..."

Mario Benedetti
("Quiero creer que estoy volviendo")






A un trans-formista de la personalidad

A mi también me gustó vivirlo,
vivirlo porque...claro,
lo até tanto a mis vicios...
al sabor de las sábanas,
al roce en el oido,
a las sombras del sexo, sí
esas que ahora son sus sobras.

Y ahora ayúdame tú,
desprende
ese resario de soledad de mi cintura
esos nudos que fui haciendo,
esos nudos de ti
que ahora hacen fuerza de lo invisible,
que hacen son carnavalesco mi locura.

Ayúdame.
Poséeme.
Desata
todo este tiempo que me ha escalado entre las piernas;
suponte que eras tu el que gritaba,
el que no hallabas ese hilo entre las sombras;
el que desengañado, distraido
eras un vicio personificado del polvo blanco y el de la cama,
un Garcilazo que en verdad mendigo
un ahumado tulipán del flandes libre.
De ese imperio, sí,
del que te han echado
porque eras más oscuro
que un beso negro en mi boca.

lunes, 13 de septiembre de 2010

PETROMÁN de Antonio Martín


El autor de estos magníficos cuentos nos ofrece la oportunidad de ir a los parques y subirnos a los toboganes, a los columpios; ser confundidos entre los niños que también viven las horas en los carruseles y en los laberintos. Inevitablemente, escribir puede ser un acierto, un inesperado acierto en el que anhelamos introducirnos y alinear estrellas; dibujar entre las palabras soles con sonrisas gatunas, escribir el mar, recuperar el necesario aire para soñar.

Las horas del sábado son piedras. Las piedras hablan en un idioma que el escritor no entiende. Al salir del mercado tropieza con una. El golpe lo desequilibra. Siente que alguien lo coge de la mano. Se trata de una mujer. Después aparece un hombre, que le pone la mano en el hombro. El escritor no sabe si le ayudan, si lo quieren abatir. Otra mujer, otro hombre. Está rodeado de personas. El escritor mira el suelo. En el suelo ahora hay dos piedras. Dos, tres piedras. Unas piedras que son madres y, acaso, suyas.

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martes, 27 de julio de 2010

A veces...sólo...




Hay memoria flotante, inversa,
de tus salados pies, nocturnos como un testimonio.
Hay palabras simples decorando el cuarto
frente a tu tejado improvisado con musgos del mañana.
Estás haciendome esperar de nuevo otro silencio:
exodos de letras sobre mi roto pecho.

Inumanidad solitaria de mis cuerpos. Algún día
sentiré tus dedos en mi boca?
Habrá un sueño de grises vuelos sobre las palomas muertas?
Palomas de habitación cerrada y retratos
rotos en el suelo.Asfalto de tu nombre...
Me ahogaré en el musgo del río
naranjas amapolas, y una voz que haga sentir
como que estás al lado...

viernes, 23 de julio de 2010

"ELLOS"

Dijo que le recordaba a una mujer. Me pareció irónico. No sé si alguien más lo ha pensado, pero desde luego él fue el primero que me lo dijo.

Era una mezcla de todos. Una parte de alguien que no me venía a la cabeza, que no conseguía recordar. La atracción que ejercía sobre mí no era lo habitual, era un sentimiento diferente que desconozco. La verdad es que tenía una sonrisa bonita. Me daba risa... compartía mi complejo. Maia no se lo habría creido. Ella era un cisne, pantanoso, pero un cisne...

Le recordaba a EL, EL ya hacía tiempo que desaparecía sin dejar rastro alguno. Estaba ahí pero a la vez no estaba, nunca estuvo. Hay otro. Esa fue la frase. Cabrón dije al principio. Pero me parece tierno. Todo esto está tomando la forma triangular de mi cuarto.Un lago de bailarines desnudos sobre los cristales de la noche. Un descubrimiento impuro de una biografía. La paz infantil que llegaba después de una guerra, al comienzo de otra nueva, intemporal, cansina.

EL tal vez nos ha unido un poco, inconciente y distante, pero fue EL. Las historias unen. Destrozan. Se pasean descxalsas por las sombras de uno con huellas ajenas. Pero al fin y al cabo son historias... no? Eran más de las doce, regresaba antes de lo previsto. La pesadilla ya dormía en su realidad. La casa susurraba el silencio entre coches y grillos. Me acosté desnudo sobre aquellas sabanas arrugadas y blandas. Pensé en todos los "ELES" que habían pasado por mi vida. Los bailarines. El callado: Balanos. La tul me durmió en un aleteo repentino. Estaba libre. Volvía más ajeno que nunca a esa casa de nuevo, de nuevos, de imbéciles... pero estaba tranquilo. Eras tú.

Pero, quién me iba a decir que las 5:13 de hoy darían el paso definitivo. Grité al apagado teléfono. El fantasma volvió a sus sombras. Dormí. EL sueño había terminado. Tnorethram...

Poesía visual

sábado, 29 de mayo de 2010

Lava, jotas, rocas y dobles eles

Un relato al que debo 2 minutos de vergüenza....







Por fin ha muerto.
Pobre papá.
Hoy es jueves, lástima, los jueves está prohibido salir a la calle, mirarse al espejo, comer yogur de fresa y pan tostado, y ponerse el corsé de Miss Susan. Papá ha muerto,
se ha ido a un lugar mejor, seguro, a un lugar donde no le moleste esta niña rara, esta lunática con cuarenta años de historial, esta sombra que conococen en Boswell Street como Polly.
Nunca he sido feliz. Me he leido la definición de esa palabra, incluso me la he aprendido: "Estado de animo que se complace en la poseción de un bien. Satisfacción, gusto, etc..
" pero nunca he sido capaz de poner en práctica dichas palabras. Poseer... nunca he tenido nada. No, mentira, lo he tenido todo, pero no de la forma que me hubiese gustado. Tener
es una palabra comleja. Llegar a tener es todo un abismo.
Auqnue a decir verdad he tenido dos grandes sueños. Si me oyese papá seguramente que se pondría rojo como un tomate y me gritaría que tuviese más clase y que me comportase como lo que era,
¡qué imbecil que era papá! pensaba que con cuerenta años todo quedaba reducido a la nada. Bueno, lo que decía, que siempre he tenido dos grandes sueños. El primero empapelar la cocina y el salón
con las cubiertas de Cumbres Borrascosas y, el segundo, comprar aquellas serpientes y ponerlas en lugar de la televisión.

Me he decidido. Además hoy, sabado, es un buen día. Se pueden lavar los platos con agua caliente, puedo ponerme el perfume de mamá y vestir la falda que compré el otro día en el anticuario.
También el sabado es un buen día para olvidar. Qué son cuarenta años. Si, es un día estupendo para olvidarme de él, "mi padre".

Camino por la oscura calle donde está la librería de Ghorik. Es un callejón oscuro y misterioso, no recuerdo su nombre, pero siempre ha estado presente en mis interminables paseos.
Ghorik es un encanto, creo que es el único que me entiende. Ya sabe lo que vengo a buscar. Aunque el jueves no pude salir, llamé a la librería a eso de las once menos cuarto de la noche,
y lo pronuncié, por fin esas palabras ahogadas en incontables años de silencio afloraron como un grito que rompe un mudo: - Mil ejemplares de Cumbras Borrascosas, porfavor...

Miércoles catorce. Día de lavar la ropa, ver la Dolche Vita por millonesima vez, escuchar el Ilucionista de Dani Elfman y sacar a pasear a Puf. Comienzo empapelando el rinconcito de los sillones
y la chimenes. Todo el recividor está lleno de cajas de libros, abro una y doy comienzo inconscientemente a dos semanas que tardaría mucho tiempo en olvidar. Al día sigueinte, jueves de nuevo,
despierto con un poco menos de deseos reprimidos y bajo a toda prisa a ver el salón. Me siento en el sofá y las cientas de rosas marchitas sobre el fondo negro de las cubiertas,
por una vez me hacen feliz, sobre el empolvado nombre de Emily Brontë. Luego, enciendo la televisión que ya había puesto en otro sitio, y oigo algo que me perturba y me emosiona,
por fin veia mi prisión llegada a a su fin. Eyjafjakullajokull, aquella complicada bestia de silabas, piedra, jotas, lava, hielo, kas y dobles eles había roto su sueño.
Había arrojado enormes cantidades de cenizas y lava causando el terror... una vez más, como en 1783 su camarada el Laki. No sé si esta erupsión durará tanto como la de Laki.
Los medios no informan sobre cuánto tiempo segirá en este estado, por otra parte los problemas de las compañías aereas y sus millones evaporados por culpa de un inoportuno volcán
islandes no me importan lo más mínimo.

Los jueves, domingos y lunes nunca salgo a la calle, ni abro las ventanas, ni me miro en el espejo, ni lavo los platos con agua caliente, ni me perfumo... Pero no puedo evitar pensar que
hoy es un día diferente. Hoy la historia flota en el cielo, hoy no hemos podido, pese a toda nuestaros poderes de siglo XXI, oponernos a la furia de la naturaleza, y cunde el pánico.
Decido abrir la ventana, las ventanas, y seguir empapelando la casa hasta que lleguen las serpientes a eso de las cuatro y cuarto. Decido cambiar a Dani Elfman por Katie Perry.
Ponerme el vestido antiguo de mi abuela y los zapatos franceses del anticuario. Y cuando lleguen las serpientes ponerlas en su sitio y salir a la calle desierta, con su cielo de manta vieja,
con su aire a calma y normalidad recuperada. Ese cielo que tal vez pregona una segunda Revolución, aunque en este caso ajena a Francia, o tal vez solo da rienda suela a su incontenible
espíritu de niño jugetón y las consecuencias que esto acarrea.

domingo, 23 de mayo de 2010

Aevum




Allí, al fondo, está la ciudad quieta.

Roncos y extraños los tranvías
surcan las calles mientras amanece.

Quién diría que tú estuviste aquí a mi lado,
y que las fuentes ya callaron hace mucho
el pregón de nuestro amor, fugaz
que fue como un milagro en los rincones de estas calles;
que fue y que aún sigue siendo, aunqeu no tan milagroso,
el beso que arrancó palabras entre suspiros,
murmullos en amaneceres como estos
y monosílabos tan inmensos que la plenitud
de nuestro amor creímos eterna.

Orobroy

Despues de haber oido, despues de recorrer los mil años mi cuerpo, despues de sentir palma con palma los matices del pasado, despues... recordé.

Había pasado más de un siglo. Recuerdé haber oido esa música por el 2005 mientras él se movía entre sueño y lucha. Mientras yo luchaba con el sueño por mis quimeras. Mientras la música iba afilando su imperceptible aguja para atarme a ella y recordarme su presencia cien años más tarde.

viernes, 21 de mayo de 2010

1,2 y3...

Volver a empezar, volver a contar una, dos y tres... para recuperar fuerzas y calma y volver a arrojarse de nuevo en el ruido de la vida, en la rutina, en uno mismo.
Aveces soñar es complicado. Si echamos un vistazo atrás, uf, seguro que hasta nos sorprende la cantidad de sueños rotos que vamos dejando a nuestro paso, como si de objetos animados y muertos se tratase.
A esta canción le debo agradecer varias cosas, primero, y tal vez sea duro decirlo así, pero el mundo pasa "solo, contigo o sin ti" El tiempo corre y, sin animos de volver a explotar los viejos tópicos, no puedo dejar de pensar en el carpe diem Por otra parte, aunque me ha concienciado, tambien, y hasta en mayor medida, me ha animado "mi gloria es que algun dia me digas q si... me digas que si..." Espero que podais escuchar esta canción y os envuelva la misma magia que a mi.


martes, 18 de mayo de 2010

Cuarto menguante



Se abrirá la puerta. Los párpados dormidos, inanimados de la noche sucumbirán a la voz manceba del toc-toc de tus tacones.
Correré las cortinas para que no entren ruidos. La noche instalada en la noche derramará su arpegio de vida sobre mi regazo.

Intentaré contarte, a modo de disculpa, lo que sentí en todo este tiempo. Repasaré las pinceladas pobres de la borrosa acuarela,
de cada puntada que me clavó al aciento de tus noches. Y acabaré diciendo, bajito para que los fantasmas de la casa no despierten,
un gracias, cincero, por rescatarme. Por nosotros.

Veré los guiños de las copas y sabré sus tímidas propuestas. Tu dirás que no quieres nada, responderé, como siempre respondo, con el tedioso
silencio de llevar la contraria. No brindaré, lo tuyo no me importa... Palparé el presente del perfecto futuro, entonces desentrañadas
las interminables horas de imperio caído y blanca, entenderé ese oximoron lingüístico sin garantía ni lote.

Las luces palparán dos rostros. El tacto transparente de la invisibilidad, sorprendido, dará un giro imprevisto a la obra. Renacerá el cuadro
y el papel, descompuesto, en el bolsillo interior de la gabardina. Se sucederán los puntos suicidados, suspendidos. Y la historia, el silencio
absoluto, del charlatán de boina gris y verso de pie quebrado, invocará en su milagro una letra nueva, una variasión impropia de presentes perfectos.

lunes, 17 de mayo de 2010

Caminos II






Siento de nuevo la calma. Los susurros maliciosos de la pasifica soledad de quien está, por fin, solo consigo mismo. Me pongo romantico, me pongo una copa de vino
tinto y la miro... y pienso que estoy haciendo aquí, por qué.

La publicidad muda se sucede perseguiendose veloz y atemorizada. Los labios de aquel presentador, que mas que de corazones es de picas, no paran de emitir mudez, la culpa es del mando.
Doy un sorbo al vino, asqueroso, espero sentado la llamada, me aburro... Quiero salir a la calle y ver gente, liberar, como dice él, todo eso que te hizo cobarde. Todo eso que nos ha matao.

LA noche ha sido larga, Sicke se fue a eso de las cuatro y media. Los vecinos estaban en la terraza susurando secretos de los padres que aun no han querido dejar de ser
novios. Ya no había luna, la taranta de la madrugada removía sueño y lucha en una cama enfriada por el abandono reciente. No pude dormir más. El sueño se había ido, había dejado su rastro
de migajas desvergonzadas sobre la alfombra del comedor. El sueño tan solo era eso, era Sicke, escoces y mudo como este día. Me pongo un wiski.

Saber volver, es encontrarse. Saber decir, olvidar, despedir aquello que tan feliz te ha hecho en la noche... Historiales dormidos de una carta cualquiera. Y pensar que aquella condenada,
por una vez en su pordiosera vida de bruja mentirosa, creo que ni bruja siquiera, había acertado en decir: geminis y libra, la perfección. No fue intencionado, ni siquiera fue posible,
pero ocurrió, ocurrió cuando el vicio del arte llamó por primera vez en esa condenada isla, perdida en dios sabe donde. Tal ver para Platón sería afortunado, quizas el sentimiento de saberse
ultima sombra de ese plano mundo, para él sería el extasis espiritual, pero para mi, por desgracia no fue así. Acudí a ese oscurecido paraiso deonde la lluvia de conga y agua de grifo parecía
real. Donde el repique de cuerdas y tacones hacia de él un lugar único, frente a la barrera indestructible de espectador y artista, frente al llanto de levantarse cada vez con más ansia de volver.
Siempre.

Sucumbí al delito de escribir aquello que no fui capaz de hacer realidad. Renegué del presente para sumirme en aquel extraño velo de telaraña que mucho han llamado sueño, yo no le veo ni el sueño
ni el encanto a una mentira dibujada por ti, para ti y en tu propia mente. Decidí hacer lo que hago ahora mismo, prolongar una frase de treinta y dos hormigas y sus combinaciones sin sentido alguno,
pensando en el escultural dependiente afeminado del imperio Zarista... A fin de cuentas e incontables intentos de dar sentido y lógica a lo que nunca fue y no la tuvo nunca, lo conocí.

Se diría que el lugar era agradable, por una noche abandonaba aquella cloaca maquillada de oasis oriental y volvia a mi. La persecución no fue facil. Aparte de ellos dos, estaba Rosi, Sara, Tati,
Ursula, Vero y Wili. Se sacaron una docena de fotos en la negra boveda de la playa apasible. Había como de costumbre dos o tres parejas moviendo pelvis, corazón y sueño en baivenes incontenibles de
deseo. El viento seseaba como buen canario, el merengue de la ola lamía miles de años de arena. El romance estaba en su punto. Me apeteció separarlos, hacer una crueldad insolita incluso para un
relato. La madre de Matias estaba ingresada. El vuelo a Malaga salio a eso de las diez y cuarto de la mañana sigueinte. La farandula no permitió que Rafa lo acompañase. El tablao siguió su curso
paradisiaco de mentira insinuada. Setenta años despues de la pena de León, Quintero y Quiroga la pena de verdad volvió a sentirse, pero esta vez en el nieto del tercer compositor. Rafael Quiroga.
Me preguntaba si sería patetico unir a dos personajes en un parking, uno atándose los cordones junto a su coche y el otro caminando distraido mientras se asustaba de una presencia ajena y soltaba
entre risitas nerviosas un "hola". Patetico o no, así tuvo lugar el milagro, como pasé a denominarlo años más tarde cuando realidad e imaginación cobrasen sentido bajo el mismo nombre de "como la
vida misma". Mi ficticia reacción, casi identica a la real, fue de desconcierto, nerviosismo, "calmate...calmate...calmate...calmate..." y finalmente un "¿quieres que te lleve a casa?". No se si
estas cosas pasan en los libros, pero en la realidad indudablemente. Cuando iba a salir del parking, al lado izquierdo de la salida vi una silueta conocida apollada en el capot de un mini,
soltando improperrios a un movil apagado. "¿Te puedo ayudar en algo?" pregunté mientras bajaba la ventanilla "Eeee...pues., veras... es que no arranca..." Lo escribí así, y de esa manera ocurrió.

Nunca supe si la madre de Mateo y el mismo Mateo existieron, tal vez sí, pero escondidos tras otros nombres y otras circunstancias. Recuerdo la noche del ático, callada, quieta. Las sombras de las
palmeras pegadas al hotel y la única luz de una debil farola. Los charcos salpicados de ruidos de auntomivil en la dormida calle. Un chirriar constante en la claustrofobica paz de la casa. Una
noche extraña incluso para aquel que la ha escrito, un rumor salado de flamenco, carnes maduras y amagos de llanto incontenible.

No se esperaba la historia. Tanto el cuento como la realidad por mi vivida y experimentada lo dejaron de piedra. Lleno de asombro y fijeza que no me atreví a interrumpir, alargué mis palidos dedos
y rocé su nuca prolongando el hilo del deseo por mejillas, nariz, frente, orejas, cuello, pecho... "Tu pecho me incomoda... me hace perder la razón" le dije repentinamente. "No" susurro. "¿Qué?"
pregunté acercando la cara para verlo en la penumbra. "No volveré, eras tú..." Entonces el capitulo definitivo fue el de la bruja, amiga de su madre (su madre era un idolo para él) y la famosa
frase de "...geminis y libra, la combinación pefecta, dijo" repitió resucitando las palabras de aquella mujer. Desde entonces el diecisiete de junio y el veintitres de septiembre son el dia. Han
pasado a hacer la unión perfecta de dos años interminables y momentaneoas, perfectos...Hasta que llegó Sicke.

Ahora pasada ya casi una década, me lo imagino roto sobre sus cincuenta inviernos. Soñando un porvenir pasado sobre la porcelana rota del pasado. Miro el wiski acabado en mi regazo. Indesición y
sombra sobre la posibilidad de retomar una historia a media página, de proseguir los puntos suspensivos sobre la suspendida copa de los versos. Y recordar... la lluvia del paraiso en el teatro, el
zapateado que machacaba sueños y temores, el roce suave de su pecho y sus manos belludas... Ahora esta década de otro aroma, de la que me he impregnado, y ya es yo, me dice que tal vez tendría que
ir a verlo y llevarle flores.

domingo, 16 de mayo de 2010

Caminos I




Camina delante de mi, delgado, con el pelo negro y ondulado mesido suavemente por la brisa del centro marino. Camina con ella, no me decido, miro su camisa, que en realidad es mía, esa camisa que por cuestión de minutos, ha elegido sentir su cuerpo. Lleva una pulsera de cuero y las gafas puestas. Pienso que no puede ser verdad, y no me equivoco, que esto debe ser un sueño, y de hecho lo es, no puede ser que lo tenga a un paso de mi y que me ignore, y lo más preocupante aún es que lo ignore yo.
Ahora piensa en él, lo se, lo puedo leer en su modo de mirar el horizonte interminable. Piensa en qué hará en la casa, si verá como de costumbre, con los ojos entrecerrados, apunto de sucumbir al sueño, el futbol. Me imagino que pronuncia sus cuatro silabas mágicas buscando el contacto instantaneo, la unión que momentanea recorre distancia, cuerpos, recuerdos... esa unión que él ha logrado encontrar.
En realidad tengo envidia, envidia de todo, en primer lugar de no entender cómo dos personas tan opuestas puedan compartirlo todo, no, mejor dicho cómo él puede compartir su vida con semejante cúmulo de neutralidades y abandono, ese niño enredado en sus propias sombras... Piter Pan de la madurez. En segundo lugar me detesto, paso el día pensando en él, rascatando el aire por oler su aroma o encontrar esa particula de aire que ha salido de sus pulmones, y cuando por fin, ajeno a mi voluntad, me encuentra, me paralizo. El dificil explicar lo que me ocurre, pero las manos se me vuelven frias y sudorosas, la mente se vuelve a temas triviales y que no tienen nada que ver en ese momento, el temblor del labio superior me traiciona, me siento como un completo imbecil... y eso que no he hablado del físico que debo tener; un niñato de diesiciete años, acojonado y nervioso, rindiendo omenaje a su estado inmaculado de masturbador anónimo. Finalmente, pienso que aunque encuentre las fuerzas, la forma, el momento de que se frague el milagro, si es que eso llega a pasar algun día, no veo de qué manera pueden unirse los cabos de dos vidas tan diferentes, cocerse los extremos de un abismo de casi una década.
El sol, el astro que establece el futuro, heliocentrismo, actualidad, locura, el sol... Se imaginan que despues de ser fecundado por el astro rey, de sentir sus garras quemando la instantanea sensación de vida en los huesos de una sombra animada, un día cualquiera me impongan el imperio de cualquier otro astro. El eclipse que destruye una vida, la destrucción lenta y oscura de un eclipse puesto en pausa.
Lo vuelvo a mirar, ahora habla con ella entretenido, seguramente de todo aquello que no fue capaz de pronunciar nunca, sus palabras chocan con la barrera del romper de las olas, no logro oir lo que se dicen. Una lágrima resbala, corre por la mejilla sin afeitar que le ofrece mi rostro, gira bajo la sombra del mediodia, a la muda melodía de los violines de 700 noches y se muda, cambia de ser, de forma, de estado y ya no es lagrima. Es la soledad fraccionada en millones de diminutas gotitas, que aflorarán, que de hecho ya afloran, durante toda la existencia, durante todo este recorrido de mi vida. La mar se levanta.
Recuerdo la luz menguante de los faroles del paseo de correos, yo iba con ella, fue la primera vez que lo vi. "Mira, ese no es el chico del ballet" le pregunte en un susurro que el oyo a la perfección, recuero ese giro de cuello, esa sonrisa de "si, el mismo" esa mirada escrutadora que me dejó por primera vez, una de otras tantas, sin saber qué decir, que carcomió mi estatua de sal, mi forma de desinteres acostumbrada, mi olvido que distrae la calle.
La senda es de madera, no veo el fin de este cuenco de agua salada, de este cuento de cinco y diez de la mañana, de esta revelión atemorizada del cuerpo, nocturna revelión de la platea. Ruidos de zapatos en la madera de la noche. Alma.
Me lleva, ella desaparece, la mar baja y el sol se pone, tiñe de añil y negro los cabellos de la tarde, el viento sopla en la senda que nunca termina, huelo su presncia, me decido, adelanto el pie izquierdo, luego el derecho, mas rapido, mas rapido, mas... y lo alcanzo.
El sol se pone, quedan segundos, de pronto las sombras se alargan a punto de acabar su ciclo. Él, como si de un hecho sobrenatural se tratase, se da cuenta que hay alguien a su lado, me mira, desconcertado, intenta hablar, me empieza a temblar el labio y el sol desaparece definitivamente. Intento decir algo pero las palabras no nacen, cada sueño tiene sus respectivas normas, y sabiendo que todo termina, que todo acabará su etereo juego de ilusiones quebradas, cojo su mano, con la suavidad que siempre imaginé que presentaría su tacto y entrelazo mis dedos parándome en medio de aquella vida de naufragos. Doy comienzo a un despertar más.

lunes, 10 de mayo de 2010

Desde la pared

Llevo media hora en esta pared. No me gusta el amarillo, ni los dos locos que llevan haciendo ruido ya hace más de media hora, ni esa gente extraña que está sentada frente a las hojas en blanco, con la mirada perdida, como buscando algo... Esto me parece una idiotez.
Aunque a decir verdad, al menos puedo descansar un poco. Ya estoy harto de esquivar cholazos, palmadas, revistas enrolladas. La verdad que estos humanos son estúpidos, ¿no se dan cuenta que son demasiado lentos?
Hay uno en concreto que me disgusta, un extranjero, de Europa del este supongo. Su cara sonrojada, su pelo rubio, sus gafas cuadradas, su chaqueta gris y realmente rara. Humanos... ya les guataría ser como nosotros.
Ahora el del pelo largo, el que hacía pausas cuando intentó hablar, está escrutando una de las hojas, ahora manchada, como si quisiera interpretar algo.
Me voy, estoy hasta las narices, esta biblioteca es agradable, pero desde luego no es lugar para alguien como yo; además no se qué estoy haciendo despierto a esto de la una menos diez... es verdad lo que decía mi madre, nunca seré un mosquito normal.


martes, 6 de abril de 2010

Buenas Noches LUNA

Buenas noches Luna dijo Fran al salir del antiguo porche veneciano. La voz de la noche, se escuchaba entre los puentecillos el rumor de guiris y niños recién nacidos chillando en los carritos. Él volvió a saludar con voz queda aquel menudo y negro aparato que tenía pegado a la oreja. Avanzó por el laberinto de calles escuchando un parloteo suave, una queja constante que lo llamaba en la voz dulce de la muchacha. Luna…
Lo estaban esperando en el bar de siempre Pietro Mónica y Richard. Pietro era de Madrid, le gustaban los gatos y fumar en pipa. Mónica era lesbiana virgen, 34 años, rara rara. Richard era un francés de los del molino rojo, nostálgico y juguetón, era Richard, el violinista. Entró con el teléfono aún pegado a la oreja, los ojos en blanco y una medio sonrisa medio mueca dibujada en el rostro; un gesto que a Mónica indicaba disgusto, a Richard alegría y a Pietro indiferencia. Luego te llamo, fue la frase que puso fin a la conversación. Las miradas de los cuatro amigos se cruzaron preguntándose mil cosas, buscando respuestas a preguntas rutinarias y ocultas, esas preguntas que no dejaban de hacerse el uno al otro y en cambio no se atrevían a responder. Cómo está, ha mejorado, preguntó el madrileño sacándose la pipa un breve instante de la boca; espero que la hayan atendido bien, ese hospital es el mejor para casos tan delicados. Sí, sí… creo que está mejor, estaba con su madre, le ha pedido que le dejase llamarme, contra las advertencias del doctor Viagielli… la verdad que eso es lo que tiene el amor de madre… Y tu cómo la has notado, cómo la has oído, qué te ha dicho… preguntó Mónica con su particular tono interrogatorio y su inquietud de siempre. Dice que está bien, que volverá a casa en unas semanas, que está viendo por la tele aquel programa de humor que tanto le gustaba, que está feliz de que esté su madre ahí, de oírme… en general la he oído recuperada, hasta me sentí esperanzado. Pero ya sabes que esas cosas tardan Fran, debes esperar, esto lleva su tiempo, además ha tenido un shock emocional muy fuerte, un intento de suicidio no es algo que se supera en dos días, además… antes que el violinista terminase de hablar con su particular tonito acatarrado; sí, lo sé, sé que el problema ya viene de antes, afirmó Francisco.
Salieron del bar cuando la madre abandonó la estancia de Luna. Las estrellas espiaban por los agujeros de aquel terciopelo nocturno del domingo. Los cuatro amigos se dirigieron al teatro, a ver la Traviata. Ella se levantó no sin dificultad y se dirigió al balcón que después de varios intentos consiguió abrir. El acomodador les señaló los sitios, 12, 13, 14 y 15 de la cuarta fila, en la platea. Luna respiró los aromas dormidos del jardín. Fran se sentó rozando con los dedos el terciopelo violeta del asiento. Luna se miró las manos aún llenas de moratones y rasguños. Fran sonrió a Richard que se acababa de sentar a su lado. La luna iluminó aquel destruido rostro de la otra Luna. La anciana que estaba sentada a la izquierda de Fran observó aquella extraña escena de miradas cómplices y manos en la búsqueda de algo que no fue capaz de imaginar. Ella pensó cual debería ser, esta vez sí que sí, su último pensamiento. Richard disfrazó su triunfo con consuelo, el guante de la venganza estaba puesto. No podía perder más el tiempo, su último pensamiento debía ser él, su primer y último amante, su amor imperecedero, su sueño… Fran sintió como los violines, los celos y la voz cristalina arrancaba un poco más de él… Su mundo todo, aquel que la había vuelto loca, su mejor amigo, el violinista, el mejor amigo de su marido…Richard deslizó sus dedos por el terciopelo que aún retenía las huellas dactilares de su Alfredo Germont… Debía dejarlo, debía abandonarlos a todos, ella era el problema y lo sabía, además Richard le ocultaba algo… Fran no se inmutó, creyó que eran fantasías suyas, ya le había pasado otras veces… Nadie vio caer la luna aquella noche, todo permaneció quieto y rodeado de sombras en el antiguo jardín del hospital, las Violetas de Germont lloraban sangre, la victoria estaba servida… Deslizó sus dedos por el oscuro pantalón de pana y sus suspiros lo traicionaron, Fran ya se había dado cuenta hacía rato que no se lo imaginaba, Richard lo miró a los ojos, serio, titubeante, tembloroso, atemorizado… La luna se ocultó dejando el cadáver hasta la mañana siguiente descansar en paz… Sonaron las primeras notas de Brindisi, la mano siguió sin moverse su curso, deseosa. Mónica y Pier estaban tarareando suavemente la famosa melodía, cuando vieron que sus dos amigos se devoraban entre las sombras de aquel antiguo teatro, brindando por la muerte de la Luna.



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lunes, 29 de marzo de 2010

Discurso póstumo




Lo han dicho todos. Lo han visto. Han sentido como el tiempo pasar. Vieron romperse la taza. Desgajarse en añicos la porcelana frágil de la vida. La taza que sus manos abrazaron, manos frias que buscaban el calor de lo inanimado. Calor que nunca hayó.
Volvimos borrachos. La poesia despertaba entre las sábanas su nocturno enredo de seducciones. Su eterno juego de embolos, como dijo el poeta, su tormento fantasmal.
La mesa. En la mesa aún estaba aquella rosa maquillada de champán. Una rosa anaranjada, inholora. Mi rosa.
Rodeamos el salón entre focos que hacían despertar una imaginaria aurora, falsa, en el cristal de la mesa. En el cristal de la mesa, sí ahí, cortada por una mano que me avisaba, descansaba la flor. Alerta.
Todos estaban dentro de la casa. Ya era tarde....

Noches. Ya se han confundido todas. Innumerables noches, olor de cigarro, sueños violados, gritos de niños. El deseo de tenerse uno mismo. Él mismosin tenerse.
Se acaba el tema. Decir que después de subidas las escaleras, atravesada la penumbra del abandono de una casa por un adolescente, las palabras se acabaron. Solo se oyeron los sinrazones de las hojas de la palmera al otro lado de la ventana. Las constantes mareas de un pecho joven que seguia la luna de mis ojos. El tema terminado...la vida que expira su ultimo poema...la llamada.
Cuando sonó el teléfono, nunca pude imaginar hasta qué punto se romperían aquellas burbujas de jabón que fuimos inflando durante la noche. Imaginé que podría ser Marta buscando el perdido camino para llegar a la casa, vi a Silvio llamando enfurecido por ponerle los cuernos, supuse que hasta mi jefe podría incordiarme con un encargo más para Tenia d´Ellenn... pero nunca, oiganlo bien NUNCA, imaginé la noticia de su muerte tras la interrupción de un coito a media noche.
Escuché derrumbado sobre su pecho la noticia. Mi mano buscó consuelo en la entrepierna del muchacho, entre los rizos del nuevo día, los rizos de las nubes que pintó el viento...

Bajé las escaleras lentamente, rodeado de frenéticos gemidos y movimientos familiares... las copas vacías en el suelo empapado de ropas... las paredes sudando de músicas gélidas. Abrí la boca para soltar un grito pero en ese preciso instante unos labios mordieron los mios, una lengua busco el secreto de mi grito interrumpido en la profundidad de mi garganta, entonces entendí.
Recordé el rostro de aquella mujer que me había enseñado todo, que me había dato todo menos la vida, esa que imaginó ser mi madre, esa que para mí lo fue. Agarre el cuerpo que me besaba, poco me importaba quien era, no recuerdo si toque unos pechos de mujer o si una barba de dos días me raspó la cara, olvidé lo que palpé entre sus piernas... ahora yo era el heredero de la familia. El privilegiado, una de las personas más importantes del país que se entregaba al abrazo de un desconocido/a... que sucumbia al placer del sexo a ciegas. Yo que quice llorar su muerte...

miércoles, 17 de marzo de 2010

Yncrucijada





A MGP


Mi boli verde se ha quedado sin tinta. Lo tiro. Imaginar que tanto amor abortado en dos o tres renglones imaginarios lo ha desmentido todo, me estremece. Pensar que su nombre, que sonaba a marinerito y a rutina higuiénica, haya causado tantos baches en mis espinados sentimientos, que haya despertado eso infernales latidos tras este pecho blanco, flacido y vacío; me estremece aún más.
Lo imagino bailando un tango de Gardel, agarrado a la cintura blanda de alguna muchacha de ojos chispeantes. Muchacha que no se imagina, que él piensa en su hombre mientras la sujeta, mientras le desliza un pie entre los suyos, mientras la hace sentir... No sabe, pobre, que a cada compás de guitarra, a cada latido de las congas, a cada acorde nostálgico de un jaz al piano; él recuerda un beso salado de tabaco y madrugada, que su hombre le ofrece de forma nueva, a modo de buenos días.

Amanece, se podría hablar de dos escenas diferentes:
La primera, la de una romántica albada, en este caso de dos Romeos o dos Calistos, que huyen a la esclavitud del día a día que atormenta. Ristringiendo el milagro, para algunos antinatural, de amor entre iguales.
La segunda escena, podría ser la de un cuerpo desnudo que alarga su mano para aporrear a tientas el despertador del móvil. Luego, cogerlo quedándose dormido con él aferrado en la mano. Él y el móvil, a solas en la esquina. Luchando contra sueño, abandono, soledad y orgullo, que solo se refleja en la desnudez inevitable de las primeras horas del inciero día.

Si se nos antoja y damos rienda suelta a la imaginación... claro está, si disponemos de tiempo y ganas. Podríamos leer, escribir o escuhar, depende de quien seamos, que estos dos personajes aparentemente contradictoriso y opuestos, salen a la cinta transportadora de la acera. Tal vez dirigiéndose al trabajo, la universidad o el instituto... como más guste, orgullosos y precavidos. Vestidos impecablemente de la ordinariés que alguien ha llamado Zara o Springfiel, por ejemplo, o cualquier otro nombre patético que da lugar a todo este mundo de la belleza interior.
Así pues, cada uno se dirige, con cascos, bandolera, mal humor, café en el estómago y prisa a aquel lugar que a diario reclama su presencia y ellos odian. Aquel lugar en el que se ven a diario. Se escrutan las ropas sabiendo dónde fueron compradas e incluso a qué precio. Intuyendo el humor de cada uno de sus compañeros e ignorando el suyo propio. Sospechando de la sospechosa mirada que acaban de lanzarse. Bajando la vista el uno y frunciendo el entrecejo el otro, dibujan un rápido esquema de la situación del día y proceden cordial y mutuamente a ignorarse. Buscando cada uno su amor platónico, ya sea en la imaginación o en la vicía cama... amor que no es presente.

La verdad es que la ignorancia, es tal vez fruto del orgullo, la falta de atención y los prejuicios. Tal vez, el acto de hacerlo, de ignorar a diario sea la peor trampa que uno mismo pueda hacerse. Es más, ignorar, es tan solo privarse del momento y las circunstancias que este te brinda, y tal vez del futuro que te espera.
Es decir, todo estaba preparado, ese mismo sábado debíamos ir al Puerto y bailar salsa hasta caernos del cansancio y emborracharnos hasta que todo lo que se escurria por el corazón aflorase, pero no, nos ignoramos. Podríamos estar en el sofá de casa, mirando una peli acurrucados en un abrazo que jamás olvidaríamos, pero no, nos ignormaos. O podríamos estr haciendo el amor como dos bestias, o que él nos hiciese serlo, pero no, nos ignoramos...
De todas formas ytras tirar el segundo boli, esta vez negro; creo que todo termina tarde o temprano. Ocurre o no ocurre. Habla o se calla. Nace o se aborta. Y en este caso fue abortado, ese niño sietemesino lleno de vida y esperanza, ese niño llamado pasíón, ha muerto. Ese bonsai de sueños, regado con lágrimas y desnudez matutina, ya no existe... Ahora ese esperma único, que por primera vez en la historia ha concebido vida, descansa entre la ortiga seca del jardín. Duerme el verso, la sombra, los nombres y el sentimiento entre las oxidadas piedras que abordamos con palabras y desiciones. La vida...

sábado, 6 de marzo de 2010

Una sorprendente obra en la que podremos encontrar los rostros más famosos. Lo que tal vez no puedas explicarte es, qué hacen todas estas personas compartiendo mesas, conversación y lienzo...

Discussing the Divine Comedy with Dante
Discussing the Divine Comedy with Dante

viernes, 12 de febrero de 2010

A veces

No sololamente tú te sientes solo. Las cosas son mucho mas fáciles de lo que piensas. La noche hace amigos. A veces él está mas serca de lo que crees. A veces él no és quien piensas...

domingo, 7 de febrero de 2010

simpl e insomne




me vuelvo
a encontrar, simple,
ante la zambra
ensombresida/o el contacto
perdido de tú y mis poemas.


me vuelvo,
y ahí, me reconozco
mirándome a mí mismo,
de ambos lados de la carretera.


el yo simple:
un preso entre sentencia y sentimiento,
un ruido acuchillado
por la noche,
la voz que calla tanto
como dice.


y bien...

me veo.
frente a frente,
yo a yo,
simple a insomne.


me vuelvo
sobre mi rostro ciego.
olvido llanto y poema en la hoja.
el ruido de la gente,
y el martilleo eterno,
incesante, que se imita,
del sigue!, del sé!
igual.
eco de silecio roto
q me llama.
ceniza
de lo mismo.



me miro, él mira,
nos miramos...



a un lado se amontonan
todas esas calles,
el ruido de ruedas,
de gente, de pizadas,
de salpicados charcos sin melancolía,
de cirenaicas sirenas,
de luz, de miopía,
de gente que se olvida ver
y solo sigue...
insomne sigue
por la infinita noche.


al otro lado
calla el día.
amanece la luz crepuscular
entre las simples sombras.
hay ecos,
pero aún viven,
simples ecos
que callamos,
que nos callan.


el yo insomne se ve arrastrado
por la acera,
unos pasos,
que no persive que lo mueven,
unos que lo sumerguen en la noche.


el yo simple se sumergue en sí mismo
en el aleteo suave de sus
susurros,
en su sinceridad callada que habla sola.


me observo, él mira.
y esa pausa del tiempo,
ya barrera,
asfáltica y veloz,
de tiempo y agua sucia,
recuerda la insignificancia
de horas, de segundos,
que nos cautivan.
horas huidas,
huidas horas que perdimos.
que nos pierden.

jueves, 28 de enero de 2010

Un pequeño reportaje sobre MArgarita Xirgu

El Teatro y Margarita

Margarita Xurgú habla del teatro, del arte de la actuacion y de la perecedera fama del actor, pero tambien habla del espectaculo como herencia y del significado que tiene el entregarse y entregar esos momentos al público, renaciendo y haciendo inmortal la representacion.

Tambien, aquí, recita unos versos de F.G.Lorca una de las personas que mas influyó en su carrera artistica y su persona.

Deleitense


Un trovador en Cronicas Marcianas

Masiel queríe parecerse a Arwen y se creia que estaba en Rivendelf, Boris aun no tenía canas o... tal vez no quería aceptar esa dura realidad y el presentador en fin... juzguen ustedes mismos.
Nos remontamos a 400 años atrás.

(Agua y aceite mezclados... por una vez)

Luis de Gongora en un plató de tele 5

Sin comentarios...

Me ha llegado un e-mail con el titulo de "fomento a la lectura"
Nose si esto es una broma, una insensatez o una verdadera irreverencia a la lectura y a los libros; pero sea como sea juzguen y vean al nivel al que está la literatura en este pais.....

lunes, 28 de diciembre de 2009

Castigo



Me arrepiento
por no querer arrepentirme,
en mí todos los que han sido yo
han muerto.

sábado, 26 de diciembre de 2009

Treponema Palidum





















FASE 1:

El cuerpo descansa,
roja en la piedra,
su desnudez acostumbrada.
Silencios,
de ces retorcidos.
Un rojo pañuelo
empapado sobre la cabeza del desnudo
enseña su curva crucificada
en éxtasis
sobre el ático de la Gran Vía.

FASE 2:

Dieciocho botellas de plástico
tiradas en el infierno de los adoquines,
chorros de falso semen;
babosas pegadas a mis dedos.
Flacas tortugas de esparto
arrastrándose sobre el semiplástico líquido
del vacío cuerpo.

Terminal

Mujeres deshuesadas
colgando de los faroles de cera,
trapos de carne
que adoran con lengua aspera
la torre de su entrepierna.

Su sombra se crucifica
una vez quemado.

Salvación o mentira...
inyectando mis voces.

Y todos no somos nadie.
Dime:...
quién se ha encontrado??



miércoles, 23 de diciembre de 2009

Si el hombre pudiera decir

Uno de los pocos poemas en el que un hombre a podido trasmitir tantas sentimientos y verdades juntas... un poema que a mi personalmente me ha cambiado. Disfrútenlo.

Kseniya Simonava

Cuando cada grano de arena cuanta... cuando la verdadera magia esta en la nada... cuando el sentimiento mas profundo nace de uno mismo... cuando el niño que llevas dentro vuelve...

El sueño del caracol

Este corto es realmente bueno... espero que os sirva de inspiración.


Miró
a través de la eterna
transparencia de la piedra,
mis ojos
que ya se habían cansado de buscarla.

Ultimas



Subió la rampa
buscando el ventanal.

El ala del ave negra
batía sus sombras
sobre el hilo de la historia.

El último paso
lo detuvo al borde del precipicio.
El rostro alegre y tostado de Albert
apareció ante sus ojos.
La voz interior del mortal que había sido
calló.

Rodeó la tierra,
la esfera insomne
que llenaba el espacio.
Miró el destruido firmamento bajo sus pies,
la torturada bola azul
en la que nos habíamos borrado;
y sabiendo que el astro había estallado
completado ya su ciclo,
se dejó arrastrar
por la fuerza
de inmenso vacío que sentía
y en el que estaba.

martes, 22 de diciembre de 2009

Itaka





Los dos azules






Nunca fue un chico normal, Inés me lo había advertido.
Él era su propio mundo, se pasaba las horas mirándose en un espejo de mano, repasando con el dedo anular los rasgos de su rostro, impropios para alguien de su edad; demasiado femeninos, demasiado misteriosos. Como si los sueños de los pintores franceses se reencarnasen en aquel cuerpo que se adoraba, iba descubriéndose en el espejo como en el agua de Narciso, él que nos adivinaba a cada pensamiento que salía de nuestras bocas. Él que perdió su nombre entre las páginas del primer año de filosofía y mis versos…

Dijo que le agradaba el contacto frió y áspero de las piedras del claustro cuando me lo encontré tumbado a última hora. Al principio no reparé en él, su pelo rubio y ondulado, su piel blanca, su ropa color asfalto se confundía con el pavimento y las palomas que lo rodeaban; cuando él atrajo mi atención y lo miré, olvidé para qué y a dónde me dirigía y me percaté de lo surrealista que era aquella escena. Me acerqué. Cogí la bolsa con las migas de pan, e hice ademán de sentarme. “Acuéstate” me dijo antes de que pudiese tomar asiento, como si ya hubiésemos hablado durante horas, “de aquí se ve todo, los cuatro ángulos de la vida…” dijo señalando el cuadrado que las paredes del claustro dibujaban sobre el cielo azul de mayo, “…somos el rostro canino plasmado sobre dos azules…” fruncí el ceño, cosa de la cual, al parecer, se percató “… el azul claustrofóbico, el azul color sangre que nos atrapa en esta isla, el azul de media noche que no permite refugio en el sueño…” me quedé helado al oír esas palabras; cómo era posible volver a oírlas esta vez en boca de un adolescente que las reproducía idénticas, escalofriantes, al igual que yo, pero veinte años después. “el otro azul es más profundo, más lejano, mas infantil, un azul de libertad, como si fuese una pantalla, la verdadera y gran pantalla que lo revela todo, en cuya tela se ruedan las películas reales que nadie se ha molestado en ver nunca.” finalizó diciendo. Luego me cogió la bolsa de migas que yo agarraba con fuerza y sacó un puñado de ellas. Ahora las palomas nos rodearon a los dos.
Me quedé mirando el cuadrado inmóvil, frágil y eterno del cielo; el cielo cuyo color daba nombre a la ciudad, el segundo azul, ahí donde miraba su reflejo de sombra que se mezclaba y volvía a surgir como si del espejo de mano se tratase, color laguna, El Cielo, color cielo, La Laguna, La Guna… en el rostro canino, plasmado en dos cielos, en dos nadas, en veinte años que ya daban aviso de su retorno mortal e imperdonable. Agua y H2O y algo mas que no recuerdo………

Yo: Profesor de literatura después de haberme muerto en la vida.
Él: Descubridor del color y ángulo que causa muerte.
Yo: insomne testigo de dos muertes en veinte años
Él: el tercer condenado de mi testimonio.
Yo: el atrapado en la sombra de la más pequeña y grande de las siete islas.
Él : el buscador de rasgos propios, ajenos, animados e inanimados en el cielo.
Yo: último oyente de la verdadera razón que nunca he dicho
Él : el único amigo de las palomas del claustro
Yo: lo encontré mañana, confundido ya entre piedra y pico de palomas
Él: el que intentó volar por la ventana de la biblioteca
Yo: el que escribí los dos azules en las hojas que tenía en su mano
Él: el dueño de la sangre que empapó mis dos azules

Esos dos azules que me han escrito, los que han encontrado, sobre la sangre azul del cautiverio, la libertad del claustro y la amistad asfáltica de las palomas. Tercer guión sangriento de caída tilde en el claustro.
O2,H2O, CH4.

el novio de la muerte




Un día más la elegante rebeldía de los intelectuales se respiraba en el Café Central. Las mesitas redondas de estructura delicada, como todos los días, lucían sus almidonados manteles de lino sobre los cuales reposaban los objetos más diversos; en una de ellas, algo más grande que las demás, apartada en un rincón, se encontraban sentados dos jóvenes un poco taciturnos, vestidos propiamente para una noche de viernes, ambos con los pies cruzados, perdidos en algún rincón de sus mentes, imaginando, creando algo que ni los censuradores más experimentados del país pudiesen imaginar.
Uno de ellos, ligeramente más feo que el otro, con pelo oscuro y pronunciadas entradas, ojos pequeños y astutos, labios finos y nariz chata, escribía con rapidez algo en una hoja doblada por la mitad, de rato en rato se paraba y miraba a su acompañante que por el contrario lucía una melena más bien rubia peinada hacia atrás, que acompañada de sus ojos desorbitados de un marrón con destellos amarillentos, su nariz larga, su boca carnosa, sobre la cual se elevaba un bigote cuyos extremos se enrollaban formando dos círculos casi perfectos, le daban la pinta de un verdadero loco. Y efectivamente así se comprobó con el paso de los años, que aquel joven llamado Salvador, el cual se convertiría en una de las figuras más pintorescas de la España de siglo XX y que todos conocerían por su apellido y las extravagancias de sus pinturas, sería (sin intención de exagerar) uno de los locos más geniales de la historia.
El pequeño bar fue llenándose de rostros por todos conocidos, nombres como el de Gerardo D. el elegante Luis o aquel futuro marinero en tierra, de pronto llenaron el ambiente. Cuando el viejo piano dio la última nota y la voz de la Xirgú se quebró en un final ligeramente desafinado, como el ruido que produce una copa de cristal bohemio al romperse, escalofriante pero bello, la voz del joven que minutos antes estaba escribiendo a toda prisa, surgió como el tañido de miles de campanas entre rostros absortos que dirigieron la mirada hacia él. De pronto el bar se transformo en una fragua de la sierra granadina, la enorme araña que alumbraba el local cobró aspecto de luna con polizón de luz eléctrica, y el poeta que segundos antes había comenzado a leer, ya no lo era, ahora era un niño frágil que jugaba a muerte con la luna, entre notas dispersas de piano y romances de zumayas y martinetes, ahora el poeta que todos conocían por Federico, era el niño que velaba la fragua, era el novio de la muerte.

Uvo-ivo






Volver,
regresar,
esconderse,
huir,
recordar,
sentir,
sentirlo lamentarse,
desaparecer…
buscar…

Postales.
Cuatro duros flotando:
una foto
y ella inmortal
se busca,
observa,
no se ve
y en cambio es la perfección.

Yo soñando,
Buscándome.

La verdad
todo es tinieblas.

Un cristal,
un mosaico de emociones…
La playa,
flores, una tarde
oscura que se hunde,
violetas,
volver,
verse
revivir
las uves de la vida,
ver la viva en uvo ivo;
Evoras,
Evas.

Capitabujarromática

















En la copa
nocturnofantasmagórica,
profundofierodesplántica,
insomnolunatacónica
y gelegoucrasemántica;
su rostro alatinógeno,
mi mano romasdistálica,
su pelo metamorfóico,
mis besos despiertaimágenes.

He visto emborrachándome
su cara Cristoicónica,
sus ojos gratificantes,
mis pies rotosanguíneos,
sobre ideas poco románticas.

Las sábanas verde botánicas,
los versos rotritrimétricos,
el fondo cavahermético
del alcohol de mis lágrimas.

Pensamientos burbujoeternoascendentes,
preguntas de poca importancia,
mesita tras una palmera:
Dickens, coca-cola y un cava…

Inventos antipoéticos
zapatos reconfortantes,
la foto sin rostros visibles,
los dedos medio asfálticos.

Un ole con ole y ole,
un deje de humo gitano,
una bramlina un poco molesta,
y el tan esperado apretón de manos.

La “cena” verlairimbautica,
la atracción mudo sinética,
la innombrable poética
dichosa, que tendrá en sus manos.

Y más jotonigeica ,
chaqueta genialmente patética,
rubores de bares sin rumbo
con seres de burrotocrásia.

Josemaría franciscoairámica,
carmecapitabujarromática,
tarimofléxia zapateótica
alegría palmocaótica, desesperante.

Llovizna de conga cubana,
cruelmente inspiradora,
inalcanzable a tres centímetros de distancia,
suspendida sobre la bola,
que lo siento, no está ahora.

Un rato de patosiméria,
otro de taxisacojotefloreinfectante
y uno con hondos suspiros (cansado)
y el otro (zapatos en mano)con fieros desplantes .

Y no, no hablaré del final,
tan tristemente decepcionante,
la jotanigéica añorada
dolchetobosocervántica,

El golpe del hombro sangólfico
en la calle josebellogalvánica,
dos delfines de hielo en wiskonsi,
no derretidos, Joaquín, separados!